martes, 16 de noviembre de 2010

La web 2.0, o una cultura para todos

Hace unas semanas con motivo de una conferencia-debate online expuse y posteriormente compartimos algunas reflexiones e ideas sobre el papel de la cultura en la efectividad de una empresa.

Pude recoger en el transcurso del mismo, que para muchos, al igual que para mí, es un tema relevante y no trivial. A demás, de igual modo, en conversaciones diarias he ido sondeando algunas apreciaciones que aún pueden prestarse a confusión, en mi opinión con facilidad, ahora sí, trivial. Así, por ejemplo, es sencillo que la cultura organizativa sea relacionada con el nivel educativo de sus integrantes, la inversión tecnológica o la participación en foros y benchmark sobre gestión. Alguien a modo jocoso y poco apreciativo hacia sí mismo, podría decir, situación real, que no tienen mucha cultura en su organización. También, es más habitual aún que se establezcan relaciones simétricas con el clima y esto se produce incluso en círculos identificados como expertos en la gestión de personas o de RRHH para el que así lo prefiera. Apreciado lector, nada más lejos de la realidad, los dos ejemplos expuestos están relacionados con la cultura, pero no son cultura en sí. El nivel educativo de los integrantes es un artefacto cultural y como tal tiene su margen de contribución a la misma, bien hasta aquí. El clima es consecuencia de la gestión que se realiza de la cultura y viene determinado por el grado de satisfacción de los colaboradores con algunos artefactos culturales como son los sistemas de reconocimiento, formas de promoción, la comunicación interna, el liderazgo de sus jefes, etc.

Durante la exposición, mostré los resultados de una encuesta publicada hacía unas semanas en Linkedin.


Cual fue la sorpresa al comprobar, que aunque los cinco items hablasen de efectividad organizativa, solo 26% situaron como principal aportación la "efectividad organizativa". En el extremo opuesto, sin embargo, nos encontramos con que nadie voto como principal beneficio de su gestión, que "permitiese aunar esfuerzos" o "simplificar complejidad por resultados", ambos también reflejo de efectividad organizativa.

Si la cultura es un driver de gestión principal sobre la forma de pensar y mejores prácticas para hacer las cosas, ¿cómo no nos va a permitir aunar esfuerzos y simplificar la complejidad por resultados?. En este último punto, en las organizaciones nos encontramos muy perdidos, muchos ratios y cifras, pero cuando, por ejemplo, a un equipo comercial se le dice que tiene que vender más, pero no se trabaja desde él y en el cómo, ya lo tenemos todo dicho ¿verdad?.



Voy al meollo de la web 2.0, porque habitualmente estamos escuchando y leyendo acerca de la cultura 2.0 en las organizaciones. Entiendo que puede ser un titular de captación de atención, un insight de moda o mucho más, porque yo también participo en las redes sociales y soy un convencido de su futuro y necesidad de integración en las organizaciones.

Ahora bien, las tecnologías colaborativas 2.0 o las futuras 3.0 o las predecesoras 1.0 son artefactos culturales, es decir, producto de los nuevos tiempos, las nuevas formas de pensar y de relacionarse. Para incorporarlas de forma efectiva, hay que gestionar primero la cultura de la organización antes de nada, como somos, como nos vemos y como nos gustaría ser, con nuestras capacidades, preferencias y disposición de cambio. Al incorporarse a cualquier organización, tendremos herramientas, sistemas, procesos, funciones, roles, etc. etc. que gestionar dentro del artefacto cultural de la comunicación, de este particular artefacto de la comunicación 2.0.

Por tanto 2.0, ni es cultura ni es una cultura para todos. Es un artefacto cultural y sí que puede ser para todos, en la medida que somos capaces de integrarlo y desarrollar las nuevas formas de pensamiento y relación que en cada contexto organizativo, requieren los nuevos tiempos. La clave, como siempre, está en la transformación de los patrones de pensar y maneras acerca de como es mejor hacer las cosas. Esta es la que nos da la sostenibilidad y ventaja competitiva.

sábado, 6 de noviembre de 2010

En la genética del cambio

Cuando a Barbara Jordan se le preguntó, tras su reciente elección acerca del cambio de domicilio, contestó "Sí, es tiempo de cambiar", ¿pero cambiar de qué a qué?, le preguntaron, a lo que contestó con la misma pregunta ¡de qué a qué!

Hoy más que nunca políticos y gurús del management hablan y discuten acerca de este tema. ¿Porqué tantos libros hablan acerca de ello?, ¿porqué tantos esfuerzos son fallidos en el cambio?



Libros y esfuerzos fallidos son la muestra clara de que estemos olvidando y/o posponiendo los mecanismos esenciales que impactan en la naturaleza humana, especialmente en el caso de transformar culturas corporativas o acercarnos a temas prioritarios como la educación , la innovación, la diversidad o desigualdad social. No vamos a poner ejemplos de políticas recientes vividas o en vida relacionadas con algunos de los aspectos mencionados, pero sí que voy a romper una lanza en favor de decir que hemos estado haciendo lo mejor posible de la mejor manera que sabíamos hacerlo. Aunque esto no es suficiente y solo sería un planteamiento conformista y poco responsable.

Los mayores retos a los que se han enfrentado los líderes de los 90 y 00, son el resultado de fallos, grandes saltos al vacío, cierres a la evidencia y en definitiva, soluciones que siempre quedaron en la superficie. Vengo a referirme a las soluciones que se han movido entre el comportamiento autoritario y las escuelas del pensamiento sistémico, donde se ha simplificado todo a manipular comportamientos haciendo uso del palo y la zanahoria, ajustar alguna tuerca o mover algunas palancas, con el corto plazo como protagonista. Recientemente, un directivo, con gran impaciencia, me preguntaba ¿cuáles son los drivers para cambiar?

Los ya no tan recientes enfoque sistémicos, han sido incorporados al mundo del trabajo y sociedades evolucionadas en general, gracias a expertos como el grupo del MIT y su representación más clara a través de Peter Senge. Todavía y sin que sea una crítica, pues son expertos de los que nos hemos nutrido y han realizado una gran aportación, aún no encontramos en ellos un acercamiento significativo a la profundidad humana y sus fuerzas dinámicas. La profundidad humana sigue siendo un ámbito oculto y elusivo y se pararon cerca de la profundidad de los factores del cambio, pero no llegaron.

Algunos presupuestos de error

- Acciones concretas, comportamientos, recompensas o castigos deberían de funcionar aquí igual que en cualquier sitio.

- Conceptos, esquemas, sistemas, para influir en las formas de pensamiento de la gente.

Cuan cerca han podido estar, pero sin llegar a aproximarse a las core inteligencias de la naturaleza humana.

"CAMBIOS EN CÓMO LA GENTE PIENSA, IMPACTARÁN DE FORMA NATURAL EN QUÉ PIENSA LA GENTE Y EL PORQUÉ CAMBIARÁN"

Del mismo modo que los científicos exploran posibilidades de impactar en la estructura del ADN genético, mi interés trasciende a transmitir como la influencia de expresiones emergentes de nuestra naturaleza humana VIR (Valores de Interpretación de la Realidad), pueden impactar de forma positiva en las ya existentes. Emergen y construyen con las existentes, no las sustituyen y esta es una gran diferencia.

La propuesta es incrementar las singularidades y diferencias existentes para el desarrollo de mentes sanas, organizaciones completas, comunidades responsables y sociedades diversas. Solo así asumiremos estrategias y actuaciones que nos acerquen a elecciones exitosas de cambio.


martes, 2 de noviembre de 2010

Procesos psicológicos y mediación cultural



Los altos ejecutivos pueden intentar definir, determinar y controlar la cultura corporativa. De hecho, la cultura corporativa es responsabilidad de la alta dirección. Los altos ejecutivos, pueden incluso desear imponer unos valores y estándares de comportamiento alineados con los objetivos de la organización. Sin embargo no es una tarea que se considere sencilla y mucho menos estándar, pues trae consigo el peso de la historia de la organización, las decisiones que se hubiesen tomado en el pasado y todo el universo simbólico resultante de las mismas.

Una de las características de la cultura organizacional es este carácter simbólico. La cultura es algo intangible, aunque sus manifestaciones sí que son observables y por lo tanto sujetas a poderse analizar y medir.

Michael Cole (1990), es considerado por muchos como uno de los máximos exponentes de la llamada "Psicología Cultural", la cual dejaría delimitada en su definición, por aquella rama de la ciencia  ocupada del comportamiento humano dentro de un contexto determinado. Particularmente, no es un término que me entusiasme, pero creo que viene al caso del post. Lev S. Vygotski concibe el desarrollo personal como una construcción cultural, que se realiza a través de la socialización con adultos de una determinada cultura mediante la realización de actividades sociales compartidas. ¿Podemos extrapolarlo al desarrollo organizacional?

Michael Cole desarrolló el concepto de artefacto cultural para sustentar sus ideas sobre la importancia de la dimension cultural en el desarrollo de los procesos psicologicos. Cole sostiene que las características propias de los procesos psicológicos humanos son su mediación cultural, su desarrollo histórico y su utilidad practica. Estas características se circunscriben en el concepto de “artefacto cultural”, pues sin procesos psicológicos no hay cultura ni viceversa y tampoco "artefactos"



Los artefactos están destinados a la interacción entre personas y el mundo físico. Los artefactos culturales como unidad descriptiva indican, por un lado la materialidad del artefacto como así también su aspecto simbólico. De esta forma el entorno cultural humano, estaría compuesto por artefactos culturales de doble condición “material” y “artificial” (Cole 1990).


Los artefactos culturales intervienen en la constitución de los procesos psicológicos, por estar desarrollados históricamente, por tener una finalidad práctica que implica a los sujetos entre sí y dentro de un contexto. Dicho esto, ¿qué artefactos culturales podríamos tener en consideración dentro de las organizaciones a la hora de gestionar la cultura?, ¿cuáles son los artefactos culturales de los que podríamos estar hablando?

1.- Del curriculum de sus directivos, sus valores y mentalidades, orígenes y forma de realización entre otros, pues si algo es realmente influyente en la cultura de una organización son sus directivos.

2.- Rituales relacionales, de ascensos, gestión de reuniones, toma de decisiones y personas de referencia.

3.- Comportamiento colaborador con empleados, clientes y proveedores, la forma de recibir a terceros.

4.- Los símbolos especiales y de configuración de espacios, vehículos, departamentación, estructura, situación de oficinas, forma de vestir y sistemas de reconocimiento.

5.- Rituales institucionales y normativos.

6.- Estilos de comunicación, predisposición al consenso y sobre todo al compromiso.

7.-Todo lo relacionado con la comunicación hacia dentro y hacia fuera, círculos de calidad, informes, comunicados, canales oficiales (incluyendo los virtuales), relación con la opinión pública.

8.- La estrategia, su definición, apreciaciones y estimaciones, los planes de contingencia, posicionamiento y sobre todo capacidad de implementación.

9.- Estructuras y procesos, documentos organizativos, criterios de clasificación, filosofía de la organización, estructuras, liderazgo informal, la gestión de crisis e imprevistos.

10.- Sistemas de dirección, número, tipo y sistemas de redundancia como las "vacas sagradas", la delegación y gestión de errores.

11.- Las condiciones tecnológicas, económicas y ecológicas relacionadas con el entorno, coyuntura  y comercio exterior.

12.- Y por último, pero no menos importante, las condiciones societarias, el sistema de valores, indicadores sociales, inversiones y distribución presupuestaria.

Pero la cultura no sólo se recibe, sino que es transformada por las personas de esa cultura. Como afirma Bárbara Rogoff, "los individuos transforman la cultura cuando se apropian de sus prácticas y la transmiten a la siguiente generación y a las necesidades de sus circunstancias específicas.". Por tanto, las formas de pensar y relacionarse son dinámicas, están en continuo cambio y es aquí donde debe de estar claramente la aspiración de gestión de la cultura de la alta dirección. 



Cuando hablamos de adaptarnos al mercado, las nuevas tecnologías, el nuevo contexto de incertidumbre, ser más innovadores, más productivos, tener una cultura de seguridad, orientación a resultados o incluso ser más responsables, ¿de qué es de lo que estamos hablando?. Sí, hablamos de eso, de gestión de la cultura para conseguir mayor efectividad en la organización.

Ahora bien, quien piense que por conocer el funcionamiento de algunos artefactos culturales puede gestionar la cultura de forma efectiva, puede encontrarse con desafortunadas sorpresas. Gestionar la cultura implica conocer y trabajar con un marco más holista y profundo. No se está adentrando en los procesos psicológicos resultantes de la interacción con el entorno, está obviando el conocimiento y marco de acción de todos aquellos elementos que sirven de nexo de unión entre procesos, tecnología y personas. 

En definitiva, quien se centre en los artefactos, se estará dejando de lado a la cultura, para conformarse nuevamente con el maquillaje, los resultados rápidos y las regresiones traumáticas. Estará confiando nuevamente en un liderazgo férreo de poco calado, quedándose a un nivel muy superficial, apostando por el estrés organizativo y en gran medida por el despilfarro, pues nuevamente asignará recursos y esfuerzo sin retorno.

Think KIKAI!!!



viernes, 22 de octubre de 2010

La comunicación indisociable


Encontramos muy variados estudios que nos sugieren que cultura y la comunicación son abordajes fundamentales para el entendimiento y la interpretación de las organizaciones. Ambos abordajes son interdependientes, aunque en sí mismos uno no explica al otro.

Organizaciones son vistas como fenómenos culturales (Pettigrew, 1979; Smircich, 1983). Pepper (1995) nos dice que las organizaciones son “culturas” y que cualquier discusión sobre organizaciones es una discusión sobre cultura. Eisenberg & Riley (2001) entienden que seres humanos y cultura surgen desde siempre interrelacionados. McPhee & Zaug (2001) afirman que “organizaciones son constituídas comunicativamente”. En este aspecto, cultura y comunicación emergen como cuestiones imprescindibles en el escenario organizacional.

Para el experto en comunicación Justo Villafañe, la gestión de la cultura corporativa debe ser el punto de partida de cualquier estrategia corporativa. En mi opinión, la cultura debe tenerse en cuenta antes de todo.

La cultura corporativa tiene para este autor diferentes componentes y funciones:

1. La identidad corporativa (el somos)
2. El sistema de valores corporativos (el pensamos)
3. La unidad estratégica (el hacemos)

En estas tres dimensiones, el ser, pensar, hacer es donde se manifiesta genuinamente la cultura de una organización. Cada uno de estos componentes puede ser observado a partir de un conjunto muy amplio de indicadores culturales, ya que todos ellos construyen día a día  la cultura corporativa.

Yo creo que "el somos" deberíamos de convertirlo en "el decimos", ya que si observamos sus principales variables relacionadas, son las vinculadas a la comunicación, como imagen y proyección social. Estos son índices culturales de gran importancia. Aquí vemos dimensiones como la identidad visual, los estilos de comunicación, la promoción externa, la política de patrocinios, las marcas, el grado de permeabilidad social, impacto de las acciones de RSE, y muchos otros comportamientos y  formas de relacionarse con agentes externos y la forma en que estos perciben a la empresa. Pero más allá de la puntualización que se hacía sobre la forma de relacionarse con el exterior, es innegable, que también estas dimensiones corresponden a la forma de hacerlo internamente. Sino, vuelve a mirarlas.




Gadamer (Apud Deetz & Kersten, 1983) afirma que todos los artefactos humanos, textos, acciones comunicativas y comportamientos contienen significado. En razón de aquello que son y también en consecuencia de lo que significan, siendo que la capacidad para el entendimiento de las expresiones de la vida tiene soporte en el ser humano, y no en el método o en la objetividad. Para este entendimiento es fundamental tomar en cuenta la historia, el contexto, las prácticas sociales y respectivas expresiones. La comunicación no refleja solo una realidad, al contrario, esta crea y representa el proceso de organizar (Putnam, Phillips y Chapman, 1999:396).

Al reflexionar sobre cultura y comunicación en el contexto organizacional nos preguntamos: ¿por qué debemos considerar cultura y comunicación como aspectos indisociable en una organización? ¿Cuáles son las perspectivas de cultura y comunicación que emergen del análisis?

Según Linstead & Grafton-Small (1992), por explicar y prever la eficacia corporativa se considera la vertiente metateórica. “Metateoría es un proceso que ocurre después de una teoría haber sido creada y considera la teoria recién-creada como objeto de estudio” (Ritzer, 1991:3). Al hablar en perspectivas metateóricas, afirma que “no hay suposiciones filosóficas correctas o equivocadas, apenas suposiciones diferentes” (McAuley, Duberley y Johnson, 2007).

Bennis (1969) consideró que la única forma de cambiar una organización es cuando se cambia su cultura. Katz e Kahn (1978) observaron que tanto organizaciones como grupos de trabajo poseen culturas.

En la metáfora “container”, los mensajes asumen formas físicas, esto quiere decir que ellas tienen propiedad tangible y ocurren en los flujos ascendente, descendente y horizontal (Putnam, 1983). El significado y el contenido de los mensajes tienen papel secundario, cuyo significado reside en el mensaje y en los filtros perceptivos, confiriendo, por tanto, una visión mecanicista y lineal de la comunicación, la cual puede ser medida y evaluada. Putnam (1983) advierte que los filtros pueden impedir la transmisión eficiente del mensaje y llama también la atención sobre el control acentuado de los gerentes por mantener la organización intacta en el flujo del mensaje.

La estructura social es anterior a la acción de los individuos, o sea, es anterior a la propia actividad humana. Aclarar significa transformar lo abstracto y ¿cómo vamos a aclararlo si no reconocemos y tenemos en cuenta a la estructura social, a la colectividad?

Cuando en el proceso comunicador se obvia el constructo que hacemos las personas sobre la realidad, estamos restando funcionalidad, restando efecto en la búsqueda de efectividad organizativa.

Estamos obviando la interrelación que la comunicación tiene en la formación de la identidad cultural y dando la espalda al potencial que su gestión tiene en el devenir y futuro de la organización.

martes, 19 de octubre de 2010

sábado, 9 de octubre de 2010

Las dinámicas del liderazgo

Todavía hoy nos encontramos con perspectivas inconexas y aisladas de explicación y gestión del liderazgo. Según Don E. Beck y Christopher Cowan, los manuales de liderazgo deberían de reescribirse en la mayoría de los casos. Las contribuciones de autores como Covey y otros, no dejan de ser parciales, pues se limitan a contemplar parcialmente la evolución y riqueza del pensamiento humano.

La gente que posee la capacidad y personalidad para entender y ocuparse de los diferentes niveles de complejidad que hasta el momento se han ido formando en el ser humano en nuestra larga historia, aún no han aparecido. Los que sean capaces de modelar y  encontrar las aleaciones más adecuadas al momento y colectivos de interés serán los magos de la espiral, según estos autores.


Parece que estamos en un punto de inflexión, un desplazamiento psico-tectónico de profundo significado. En el número de abril de 1974 de The Futurist, Clare W.Graves advertía que la humanidad se estaba preparando para un "salto trascendental" y deberíamos estar alerta. Su cuarto de siglo de investigación había revelado cambios pendientes en la naturaleza humana que estaban a punto de impactar en la cultura americana y en el mundo hasta la médula.

Este fenómeno de cambio profundo no es único. La historia humana está llena de intervalos de turbulencia y diáspora. A veces, regresos y leves ajustes del statu quo restablecen el equilibrio, pero ocasionalmente estalla un gran caos que desencadena cambios históricos de gran magnitud. Este parece ser uno de esos momentos.

Los analistas sociales Heidi y Alvin Toffler advierten que... "el mapa del viejo mundo está obsoleto –estamos sufriendo la reorganización más profunda del poder mundial desde el nacimiento de la civilización industrial." (New York Times, 31 de octubre de 1993, Pág. E-17).
¿Qué implicaciones tiene todo esto? En primer lugar, necesitamos la flexibilidad suficiente como para tratar con clanes, tribus, imperios, ideologías, empresas, comunidades humanas y reductos de águilas solitarias que existen por todo el planeta. Es imperativo trabajar de forma constructiva con grupos desde el primero al cuarto mundo, desde los ricos hasta los desheredados y desde los poderosos hasta los marginados. No es posible negar por más tiempo los impactos a largo plazo de nuestras tecnologías ni los costes de nuestro "éxito", ni eludir las responsabilidades de nuestro potencial.



Debemos ir a ese núcleo de la naturaleza humana que es la causa de tanto caos. En los tiempos antiguos en los que la armonía era esencial para sobrevivir parece que podíamos solucionar los conflictos con un compromiso o con un edicto del jefe. Cuando sólo podíamos recurrir a los arcos y las flechas hasta las peores decisiones tenían sólo un significado local y limitado. Las disputas de hoy tienen implicaciones intercontinentales. Todo el mundo sufre el impacto, le guste o no. Algo en nosotros –no sólo nuestras herramientas- se ha vuelto más desordenado pero enormemente más poderoso.

Un directivo recién llegado a una compañía habla en términos de sus prioridades. Su prioridad será centrarse en la estructura existente y la que necesitará. Hablando en términos de coherencia, ¿es lo físico? ¿o es lo plástico? lo que cohesiona y da valor. Si los genes nos diferencian físicamente, son los VIR (Valores de Interpretación de la Realidad) , los que diferencian nuestra forma de pensar y relacionarnos. Tanto lo físico como lo plástico están dentro y son solo una parte. ¿Cómo priorizar una estructura sin conocer cuál es la manera natural de pensar en la misma y moverse en ella?. La teoría de la difusión cultural de Richard Dawkins es un acercamiento a ello y aunque con sus detractores y sin estar totalmente conforme, nos ofrece un buen mapa de entendimiento.




Hablar de liderazgo es hablar de cultura y esto nos sumerge en el concepto del cambio y el entendimiento dinámico. El liderazgo debe de cambiar y adaptarse a los nuevos tiempos, debe ser dinámico y capaz de crear las mejores aleaciones para la naturaleza humana. Una naturaleza humana con responsabilidad de su propio potencial.


miércoles, 6 de octubre de 2010

Contra viento y marea

Hay cosas que no se pueden cambiar, como la dirección y fuerza del viento, la potencia del mar, el tamaño del oleaje o la corriente. Pero sí que podemos adaptar nuestra navegación, cambiar nuestros bordos, el tamaño de nuestra vela o intentar coger las olas en nuestro favor. Conservar la calma, reservar las fuerzas y alinearnos con el temporal nos permitirá volver a tierra.







Correr el temporal implica seguir mirando al horizonte, sin perderlo de vista e intentar disfrutar de la navegación. La tempestad termina, amainará de nuevo el viento y otra vez desearemos tener unas condiciones fuertes que nos pongan a prueba y nos hagan sentir que somos quienes dirigimos el rumbo de nuestras vidas.

Destino


Hay culturas que creen en el destino.

No es casual que últimamente encuentre personas que me han ratificado esta idea, y posiblemente es cierto que como dicen los americanos: "¿porqué no hablar con la persona que tienes a tu lado?, nunca se sabe...."

¿Crees?






lunes, 27 de septiembre de 2010

Sin imitación no habría cultura


Con esta célebre frase de Giacomo Rizzolatti finalizaba el programa "Redes" de Eduardo Punset, la tarde de este domingo 26 de septiembre.

Hace ya tiempo que Redes ocupa una destacada posición dentro la programación de calidad televisiva y desgraciadamente sin tenerse que medir con una gran competencia. Dentro de todo el despropósito de programas y personajes de la farándula con los que nos inundan los cada vez más numerosos canales de televisión, resulta casi divertido que sea un programa como redes el elegido. Me resulta casi divertido, porque han dedicado varios programas a los primates y si cambio de canal, me parece seguir viendo redes.



No voy a relatar el programa, pero quiero utilizar el post para compartir algo que me ha resultado trascendente en relación con la cultura organizativa y el desarrollo. Los primates, actualmente se encuentran muy alejados de los humanos, pero por contra compartimos historias muy cercanas y también grandes afinidades. Las circunstancias y alguna que otra innovación cerebral nos distanciaron, y cada especie se adaptó a lo que le he tocado vivir, pero solo esto.  

El Centro de Primates del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, dirigido por el primatólogo Josep Call, estudia el comportamiento y la inteligencia de las cuatro especies de grandes primates -orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos-, nuestros parientes más cercanos. Redes dedica dos episodios a ver qué nos enseñan los simios sobre nuestro propio comportamiento y sobre la importancia del entorno que nos toca vivir a la hora de definir nuestras habilidades, nuestra creatividad y nuestra sociabilidad entre otras. El primatólogo Michael Tomasello, colaborador del mismo centro de Antropología Evolutiva, repasó algunas diferencias con nuestros parientes, desde las formas de aprendizaje hasta el concepto de venganza o las habilidades de cooperación.

Y hoy recuperan de nuevo, gracias a los estudios con monos estas cercanías. Descubrieron unas células cerebrales que se encendían no solo cuando el animal ejecutaba ciertos movimientos sino que, simplemente con contemplar a otros hacerlo, también se activaban. A estas células neuronales se les llamó neuronas espejo o especulares. En un principio se pensó que simplemente se trataba de un sistema de imitación. Sin embargo, los múltiples trabajos que se han hecho desde su descubrimiento, indican que las implicaciones trascienden, y mucho, el campo de la neurofisiología pura. El sistema de neuronas espejo permite hacer propias las acciones, sensaciones y emociones de los demás. Su potencial trascendencia para la ciencia y el management es enorme.

Cuando se observa una acción hecha por otra persona se codifica en términos visuales, y hay que hacerlo en términos motores. Antes no estaba claro cómo se transfería la información visual en movimiento. Otra cuestión muy importante es la comprensión. No sólo se entiende a otra persona de forma superficial, sino que se puede comprender hasta lo que piensa. El sistema de espejo hace precisamente eso, te pone en el lugar del otro. La base de nuestro comportamiento social es que exista la capacidad de tener empatía e imaginar lo que el otro está pensando.

Bien, por ahora podríamos decir que humanos y monos comparten algunas cosas, o al menos con unos más que con otros.  Aunque el mensaje más importante de las neuronas espejo es que demuestran que somos seres sociales, de verdad. La sociedad, la familia y la comunidad son constructos realmente innatos. Rizzolatti, apuntaba en una entrevista, que nuestra sociedad intenta negarlo y por eso los jóvenes están tan descontentos, porque no crean lazos. Ocurre algo similar con la imitación, seguía indicando Rizzolati, en Occidente está muy mal vista y sin embargo, es la base de la Cultura. Se dice: "No imites, tienes que ser original", pero es un error. Primero tienes que imitar y después puedes ser original. Para comprenderlo no hay más que fijarse en los grandes pintores, incluso las tendencias de moda al vestir u otras.



Las neuronas espejo se activan también cuando no ves la acción, cuando hay una representación mental. Su puesta en marcha corresponde con los mapas mentales. La parte más importante de las neuronas espejo es que es un sistema que resuena. El ser humano está concebido para estar en contacto, para reaccionar ante los otros. Y aquí ya podríamos llamar a los señores Boyatzis o Goleman, para hablar de su inteligencia emocional. Seguro que nos situarían todavía más cerca de los primates. Aunque no aventuraría el lugar en el que quedarían las nuevas tecnologías y redes sociales respecto a esta resonancia.

Para que las neuronas espejo funcionen, es necesario que previamente exista la información a reflejar. Es en el útero de la madre donde se aprende el vocabulario motor básico, o sea que ya tenemos ese conocimiento, el básico, que es puramente motor. Más tarde, al ver a otros, el individuo se sitúa en su propio interior y comprende a los demás. La visión, en este caso es la que crea el vínculo. El Dr. Clare Graves, a través de la memética nos explicaba como estos memes o unidades de información cultural se podían trasladar de generación en generación, como lo hacen los genes. ¿evolucionista?.



Así, se podrían explicar, en palabras de Rizzolati, determinados trastornos como el autismo. Si  el sistema motor, no se ha organizado adecuadamente, las neuronas espejo no llegan a desarrollarse. De esta manera al no poder relacionar los propios movimientos con los de los demás, el resultado es que un gesto de acercamiento puede resultar para el autista una amenaza.

En las organizaciones sucede lo mismo, si no se ha organizado el sistema motor, si no se ha generado previamente la imitación, es muy probable que determinados comportamientos puedan resultar cuando menos confusos o amenazadores. Por eso, prácticas como el mentoring ayudan a consolidar las neuronas espejo, que por otro lado, la mayoría de ellas se encuentran en el sistema límbico, centro emocional y residencia de nuestras decisiones.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Cuando el ajuste cultural marca las diferencias

Es importante identificar, evaluar y desarrollar competencias en cualquier organización. Más que importante es sumamente relevante y decisivo para el éxito y supervivencia. El trabajo sobre las competencias de hoy es claro que se debe hacer, pero también es importante, sino más, el que se realice sobre las de mañana.

Aunque esto pueda resultar obvio, aún es una asignatura pendiente en muchas organizaciones. 



Ahora el planteamiento que realizo es el siguiente. Nos encontramos en un momento con gran cantidad y calidad de talento y buenas organizaciones. Sin embargo, podemos comprobar como gente muy talentosa, en una buena organización, puede resultar la mas desgraciada en la misma y su aportación reducida a mínimos impensables. 

¿Cuál fue el error?, ¿porqué esta relación no funcionó?

Las organizaciones pueden haber realizado muy bien sus deberes respecto a la gestión del talento, identificado y alineado con sus profesionales las competencias necesarias de ahora y mañana. Todo esto y mucho más, por supuesto. Sin embargo, no han tenido en cuenta, en ningún momento la cultura ni en el caso concreto de talento, el ajuste cultural. 

La cultura organizativa necesita un interés y dedicación. No dedicar el interés y la dedicación que requiere algo tan importante como esto, puede ser decisivo en un contexto de hipercompetitividad. Antes, no dedicarle nada, no tenía incidencia tan visible en los resultados. No gestionar de manera consciente, tampoco quiere decir que no se esté haciendo ninguna incidencia sobre la misma. Todo lo contrario, siempre existe incidencia, pero los resultados podrían ser totalmente opuestos a los deseados.

Más que en ningún otro momento, implicar y conectar a las personas se hace necesario. Indagación en las formas de pensar y relacionarse más afines y alegato en la diversidad, globalidad y otras sensibilidades demandadas como la Responsabilidad Social, marcan y marcarán mucho más las diferencias.

Cuando se terminaron de apretar las tuercas, reducir costes, estructuras, mejorar los procesos, tecnificación y cierre de alianzas, ¿qué es lo que queda?.

Es solo una observación, pero quizás estos ajustes tampoco quedasen alineados e integrados sus efectos como un todo. Se habrán perdido potencialidades existentes.

¿Qué es lo que conseguirá mantener ventaja competitiva? La gestión de los intangibles, indudablemente, pero el afinamiento en el manejo y gestión de la cultura, será el driver principal en última instancia. La cultura contempla el todo y en el todo se encuentra la gestión del talento, como plomada para bajar a la acción y llegar a los resultados organizativos, ya sean de relación con la sociedad, económico financieros, ambientales o de otra índole. El gran esfuerzo, si realmente hay interés en el Cambio o Desarrollo sostenible, es poner todo el interés y priorizar el alineamiento de estilos con sistemas, funciones con resultados y gente con trabajos.

¿Podemos seleccionar por afinidad cultural?, pues claro y debemos hacerlo. ¿Podemos desarrollar ayudándonos de la cultura?, ¿Encontrar conexiones y combinaciones de conocimientos y habilidades con máximo provecho, de formación de equipos diversos, manejar conflictos de forma positiva, ayudar a integrar nuevos directivos con sus equipos? Es mucho mas sencillo de lo que piensas.

A continuación, adjunto un enlace al particular caso de ZAPOS, la famosa multinacional de venta de calzado por internet. Verás que los que adquieren ventaja lo hacen








lunes, 20 de septiembre de 2010

Pensamiento resiliente en culturas triunfadoras

Todos los shocks externos a los que estamos expuestos desde hace unos años, pueden llegar a ser y son destructivos. No es necesario que recurramos a ejemplos, el día a día nos muestra que está lleno de ellos.

Hoy más que nunca, incrementar la resiliencia es una necesidad vital y se debe de hacer en todos los ámbitos de la organización. La gran ventaja de la resiliencia es que la podemos elaborar cada uno de nosotros, es una actitud mental y la autodeterminación es su mejor aliada. El pensamiento resiliente, permite a su propietario hacer transformaciones poderosas, convirtiendo la ansiedad en acción y la dificultad en potencial para tomar decisiones.

Los profesionales con pensamiento resiliente se crecen ante la adversidad, sus organizaciones desarrollan la intuición para esperar lo inesperado y reinventarse continuamente. Serán profesionales capaces de reconsiderar y revisar sus líneas de actuación, reconociendo los grandes cambios que se producen en el entorno hasta el punto de plantearse que sus estrategias ya están desgastadas y se necesitan renovar.



Algunas áreas funcionales sufren mayor impacto en épocas de incertidumbre, hoy quiero centrarme directamente en las de negocio tomando algunas relevancias existentes:

1.- Los clientes están priorizando el precio, por lo que la marca blanca triunfa sin reparo entre las promociones de las tradicionales marcas comerciales.

2.- La información es poder, el cliente la tiene y es capaz de llegar a encontrar cualquier cosa que busque.

3.- Las ventajas competitivas tienen un ciclo de vida muy corto, porque cualquier copia es muy rápida, en lo que sea (producto, servicio o gestión).

4.- Existen nuevos medios para acceder al cliente, como internet y las redes sociales.

5.- El cliente se mueve y las nuevas ofertas, han de moverse para ajustarse.

Desarrollar el pensamiento resiliente es importante y para ello hay que crear herramientas y palancas de transformación de ese pensamiento en la organización. La forma de hacerlo, centrándose en aquellos clientes más leales e incrementar cuota de mercado ampliando la oferta a nuevos productos y servicios de mayor seguridad - valor para ellos. Como se habrá reducido el presupuesto, las empresas resilientes reforzarán la comunicación con estos clientes en sus valores fundamentales y se desharán de lo que no funciona, como sus categorías improductivas. Pegar tiros a diestro y siniestro cuando los mercados estaban en alza, era efectivo, ahora representa un coste muy elevado y las organizaciones que desarrollen esta competencia, se centrarán en focalizar el éxito. Menos presupuesto, sí, pero más dirigido, lo que permitirá reforzar el seguimiento de resultados y la coherencia de los mensajes internos y externos.




También es una gran oportunidad la que brinda el pensamiento resiliente, pues estos tiempos facilitan hacer las cosas que se debían haber realizado antes, al tiempo que se descubren oportunidades ocultas. Las categorías improductivas para una empresa, pueden convertirse en nicho para otra. Muchas cosas están cambiando. 

Con la fuerza de ventas, el pensamiento resiliente no lo ganarán sus ejecutivos por la mera presión sobre aumento de beneficios. Conseguirán la transformación entrenándose en propósitos certeros. Algunas acciones que pueden reconducir los resultados son:

1.- Apoyar las estrategias clásicas de cercanía con el cliente, el cara a cara. Internet es un potente canal, pero  los cierres no se hacen virtualmente.

2.- El esfuerzo tiene que dirigirse a explotar la comunicación personal al máximo, entender a los vendedores y que ellos le entiendan. De esta forma, los problemas se convierten en oportunidades y la moral se mantiene bien alta. 

3.- Los precios son una buena tentativa, pero cerrar un trato hoy, implica bloquear muy posiblemente el estatus quo para mañana. Cuando el cansancio se adueña de todo, el responsable de ventas tiene que seguir manteniendo clara su prioridad, que es comunicar, comunicar y comunicar para sustentar la motivación bien alta. En este sentido, unos minutos de arenga pueden pesar toneladas en una situación de extenuación, pero su efecto conseguirá hacerlos flotar renovados. 

4.- Y la última palanca en la que se pueden apoyar la transformación, es en salvoguardar el salario de los vendedores. En algunos casos, el salario variable puede representar entre 50 - 70 %, lo cual protege a la empresa de las fluctuaciones del mercado y el comercial comparte el riesgo, pero si el salario es principalmente fijo, esto justificaría recortes de plantilla, de la formación o incluso de las líneas de reporte, incrementando la sobrecarga y el aislamiento. 

Cualquiera de estas acciones hay que pensarlas mucho, pues impactan por interacción con otras áreas en la cultura empresarial y a la mínima se convierten en un precedente para que el dogma sea constituido. Se debería averiguar cómo afectarían los posibles escenarios a sus stakeholders antes de actuar y no solo a los clientes.

El pensamiento resiliente es una competencia triunfadora, porque la incertidumbre cada vez tiene nuevas y exigentes caras de complejidad. El correcto y alineado uso de algunas de las palancas de transformación mencionadas puede condicionar una cultura triunfadora y sostenible o una cultura perdedora y extinta.

¿Con cuál se queda?